domingo, 20 de noviembre de 2016

¡LAS GEISHAS NO SON PUTAS!

Japón es fascinante. Lejano, pero fascinante.
Gracias a la globalización hemos tenido acceso no sólo a su tecnología, sino también a diversos productos culturales como el anime, sushi, Hello Kitty y en el 2020 (Dios mediante) podremos disfrutar de las olimpiadas en Tokio.

Una de las cosas más hermosas que nos ha regalado Japón es la literatura, la cual nos habla en detalle de un mundo de vida totalmente diferente al nuestro, que muchas veces nos cuesta entender. Por esto mismo, así como estamos rodeados por diversas expresiones de la cultura japonesa, también tenemos un montón de confusiones y malentendidos con otras, tal como sucede en el caso de las geishas. Sí, las geishas. Esas sobrias y hermosas mujeres de coloridos kimonos y cara blanca.

Justamente, si le preguntamos a alguien en la calle qué es una geisha, lo más probable es que nos responda:

—¡Ah sí! ¡Las putas de Japón!

Entiendo que ese país está lejos y las geishas cada vez son más escasas, pero aún así considero conveniente hacer una aclaratoria sobre lo que realmente hacen estas mujeres, pues lo cierto es que no existe nada más alejado de una geisha que una prostituta.


Mineko Iwasaki, una de las geishas más prominentes, famosas y exitosas de Japón, escribió un libro llamado Vida de una Geisha y en el mismo no sólo narra sus memorias, sino que también brinda una gran cantidad de detalles sobre la vida de estas mujeres, haciendo énfasis en la disciplina que deben tener como profesionales y artistas y, más específicamente, sobre el hecho de que una geisha o geiko es una mujer que se dedica a las artes y al entretenimiento, nunca al acto sexual o carnal.

Pero primero lo primero, repasemos algo de historia.

Origen

La palabra Geisha se traduce, literalmente como “persona de las artes”.
En un principio, esta profesión era ejercida tanto por hombres como mujeres y la misma consistía en que este artista se formara en las artes tradicionales japonesas tales como la danza, la música, la poesía y la conversación, entre muchas otras.

Fue por los años 1800 que los geishas masculinos (llamados hōkan o taikomochi) empezaron a declinar, dándole paso a las onna geisha (literalmente “geisha mujer”) de convertirse en las únicas artistas y anfitrionas encargadas de todas estas actividades, haciéndose una práctica común y exclusiva del género femenino en Japón y afianzándose a lo largo de la historia hasta nuestros días.

De esta manera, las geishas son mujeres que inician su entrenamiento a partir de los quince años -o incluso desde antes- en todo lo que concierne a las artes tradicionales japonesas como la práctica de instrumentos como el shamisen, danzas típicas y una de las más importantes, la conversación, la cual es fundamental en las reuniones que preside la geisha, ya que su papel es el de ser anfitriona.


Maiko vs. Geiko

Para ser una geisha es necesario un montón de preparación y trabajo duro y la verdad es que las aprendizas son llamadas maiko -jóvenes en la primera fase de entrenamiento- mientras que las geishas ya maduras son llamadas geiko y hay algunas diferencias estéticas que nos permiten identificar a cada una a simple vista:

Las Maiko son más jóvenes y esa inocencia y alegría se expresa en toda su apariencia. Los kimonos son mucho más coloridos, los estampados más vistosos y las mangas mucho más largas. El obi tiene una pesada y larga cola en la parte posterior y junto a esto, usan un cuello o eri de color rojo, el cual simboliza la vitalidad de la juventud.
Su cabello consiste en un penado llamado Momoware, que tiene la forma de un durazno gigante con una llamativa cinta roja en el centro, así mismo, los accesorios que usan son mucho más llamativos y la cantidad es mayor que la de una geiko.
Finalmente, el maquillaje consiste en una capa blanca sobre el rostro y cuello, el labio inferior pintado de rojo carmín y rubor en las mejillas para acentuar el aire infantil.


Con esta apariencia también hay diversos compromisos que la aprendiza debe cumplir, tales como continuar con sus estudios en las artes para convertirse en geiko y permanecer bajo la tutela de su “hermana mayor”. Así mismo, el contenido de las danzas y demás expresiones artísticas responderán a su edad y preparación para llevarlas a cabo.


Por otro lado, las Geiko son aquellas jóvenes que han pasado  su etapa de aprendizaje y han superado diversas pruebas. Se caracterizan por ser artistas maduras, llevando kimonos mucho más sobrios, con algunos detalles en la falda, mangas más cortas y un obi recogido en la parte trasera.
El nuevo peinado será el shimada-mage, seguirán usando accesorios para el cabello, llamativos pero en menor cantidad que antes.
El maquillaje también cambia, pues ahora consistirá en la típica capa blanca en el rostro con ambos labios pintados de rojo carmín, los cuales simbolizan en paso de la juventud a la madurez.


Junto a su apariencia, ahora la geiko podrá interpretar nuevas piezas artísticas a las que antes no podía acceder, también puede decidir si independizarse o seguir viviendo en la okiya -casa de geishas- con el resto de sus compañeras.



No son putas

Uno de los orígenes de este malentendido, surge después de la Segunda Guerra Mundial en el momento que los soldados estadounidenses invaden Japón.
Al ser completamente ignorantes de la cultura nipona, los soldados estadounidenses estaban fascinados por todo lo nuevo que veían. Para las prostitutas japonesas, esto era una oportunidad así que, para poder cobrar más por su trabajo, se pintaban la cara de blanco y lucían kimonos coloridos haciéndose pasar por geishas. De esta manera, los soldados, ignorantes, pensaron que se estaban acostando con una verdadera y exclusiva geisha, cuando lo cierto es que una verdadera geisha nunca habría hecho tal cosa, ya que su profesión es la de una artista y su estricto código de comportamiento simplemente no permitía una cosa como esa.

Así pues, de regreso en los Estados Unidos, los soldados trajeron la concepción errónea de que las geishas son mujeres que venden sexo, simples prostitutas con aspectos rebuscados para hacerse interesantes.

Junto con este malentendido, están obras que aprovechan lo exótico de las geishas para mezclarlo con la ficción y de esta manera, lograr que el malentendido sea aún mayor. Tal es el caso del libro Memorias de una Geisha escrito por Arthur Golden, en el cual le asigna rituales y comportamientos propios de las prostitutas para hacer su historia más picante.

No me mal entiendan, el libro sí es bueno y la historia es conmovedora, además del hecho que el autor hizo un exhaustivo trabajo de investigación en el cual logró documentar muchos detalles interesantes de la vida de las geishas para colocarlos en el libro, pero aún así, pinta a estas artistas como mujeres que se esfuerzan toda su vida para alcanzar el perfeccionamiento de las artes japonesas tradicionales para finalmente, hacer recaer su valor en cuánto quiere pagar un tipo por su virginidad.

Algo absurdo y alejado de la realidad.

El problema con este tipo de libros es que la gente no suele investigar más allá, por lo que se quedan con esa concepción errónea y la reproducen sin siquiera estar seguros. Esto se hace mucho peor cuando sacan una película (sí, dirigida por Spielberg) en la cual sigue cometiéndose el mismo error, a partir de lo cual se reproduce (AÚN MÁS) el estereotipo y el malentendido, condenando a estas profesionales a ser vistas como simples prostitutas por el resto del mundo.

En su libro, Mineko Iwasaki habla detalladamente de los rituales y códigos que se siguen cuando una joven se decide a ser una geisha, y algo que deja muy en claro es que estas profesionales no tienen permitido ningún tipo de contacto sexual con los hombres.



Si bien es cierto que la mayoría de sus clientes pertenecen al género masculino, estas mujeres tienen terminantemente prohibido dejar entrar hombres a la okiya. Además, cuando quieren tener una relación sentimental, primero deben notificar a la dueña de la okiya o “madre” para que la misma permita o bendiga esa unión.

A pesar de todo esto (y muchas cosas más que no da tiempo de mencionar aquí), la reputación de estas mujeres está bastante arruinada en el mundo, o al menos en cuanto a los estereotipos, tanto así que en el Miss Universe del año 2009 le llovieron críticas a la concursante del país nipon, la cual tuvo que cambiar su atuendo típico para no reforzar o incrementar el malentendido sobre ese aspecto de su cultura, sumado al hecho de que sentían preocupación por transmitir una idea errónea en cuanto a este país.



De esta forma, es una lucha para nuestros amigos de Japón y, personalmente, la razón por la que decidí informarme sobre la verdad de este tema fue porque me indignaba demasiado pensar que unas mujeres tan hermosas, serias y tan dedicadas invirtieran tanto esfuerzo, dinero y habilidad para ser unas simples putas.

Pero en fin, este es nuestro mundo: uno lleno de malentendidos, gente estúpida y otros más que se quedan con lo primero que les dicen. Luego estamos otros que nos indignamos con algunas cosas sin importancia y nos abrimos un blog para escribir sobre ellas.

Eso está bien, especialmente porque aprender es divertido y compartir lo que se aprende lo es aún más, así que, la próxima vez que hables de Japón recuerda que es algo más que Pokémon y sumos.

Y las Geishas son más que maquillaje y kimonos, pero más importante, ¡NO SON PROSTITUTAS!

☺☺☺



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